El Vino de Miguel de Cervantes

El literato más importante de la lengua española fue también un gran catador de los diferentes vinos de su época. Varios siglos antes de que existieran conceptos como añadas y denominaciones de origen, Miguel de Cervantes Saavedra difundió, a través de los personajes de sus novelas, los vinos que  disfrutó con regularidad y los que conoció durante sus constantes viajes.

 

Y es que antes de convertirse en el más grande escritor en lengua española, Cervantes tuvo una vida realmente excepcional. Fue recaudador de impuestos en Valladolid, soldado en activo de la Armada Real Española, viticultor en su viñedo de Esquivias, beligerante en la batalla de Lepanto     -donde perdió la mano izquierda- y esclavo durante cinco años a manos de piratas berberiscos en Argel. Su vida estuvo llena de tantas aventuras y desventuras, vio tanto mundo y tantas formas de vivir, que una vez que llevó al papel sus vivencias a traves de sus novelas, dio forma a un estilo a contracorriente de la época y a uno de los libros más excepcionales de la historia.

 

Cervantes nació un 29 de septiembre de 1547 en la ciudad de Alcalá de Henares. Fue hijo de un médico sanitario, que cargado por las deudas y las necesidades de sus numerosos hijos, peregrinó con su familia por ciudades como Sevilla, Valladolid y finalmente la villa de Madrid, ciudad en donde se asentó la familia en 1566. Fue en la capital del reino de España donde realizó sus primeros estudios en los colegios jesuitas y en el Estudio de la Villa de Madrid, dirigido por Juan López de Hoyos, quien a la postre sería su primer editor. Aunque no cursó estudios Universitarios, Cervantes fue un estudiante de formación autodidacta, principalmente en el mundo de la historia, el derecho y la teología.

 

En 1569, viajó a Roma en el séquito del cardenal Aquaviva, donde conoció las grandes novedades estéticas del momento. La capital italiana, a la que definió como “reina de las ciudades y señora del mundo” era en su época, el corazón literario del mundo, por lo que el joven completó en esa ciudad sus estudios y disfrutó de los vinos de las distintas regiones italianas tal y como relata en “El Licenciado Vidriera” (1613) parte de sus novelas ejemplares:

 

“En fin; trasnochados, mojados y con ojeras llegaron a la hermosa y bellísima ciudad de Génova. (…). Allí conocieron la suavidad del Treviano, el valor del Montefiascone, la nicerca del Asperino, la generosidad de los dos griegos Candía y Soma, la grandeza del de las cinco viñas, la dulzura y apacibilidad de la señora Garnacha, la rusticidad de la Chéntola, sin que entre todos estos señores osase parecer la bajeza del Romanesco. (…) Finalmente, más vinos nombró el huésped, y más les dio que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco.”

 

Cervantes se encargó de retratar el modo de vida y las costumbres gastronómicas del siglo XVI. En aquella época el consumo del vino era de vital importancia en la vida diaria, pues se le consideraba un alimento y era la principal fuente de energía entre las clases bajas: se le bebía en el desayuno, en la comida y en la cena dada la escasez de agua limpia, incluso se le prescribía como remedio a ciertas dolencias.

En la primavera de 1571, se trasladó a Nápoles donde se enlista en los tercios de la Real Armada Española para combatir a los turcos en el Mediterráneo. La mañana del 7 de octubre de 1571, Cervantes fue llamado a combate y se embarca en la flota española que enfrentó al imperio Otomano en la batalla de Lepanto frente a las costas de Grecia. Ahí recibió tres impactos de arcabuz que lo hirieron gravemente y le provocaron la pérdida de la mano izquierda. Tras siete meses de convalecencia, Cervantes salió del hospital de Mesina y regresa al servicio de las tropas españolas, navegando durante 3 años más por el mediterráneo oriental. Sus compañeros de armas le apodaron “El Manco de Lepanto”, mote que acepta con ironía, pues el resto de su vida sintió un profundo orgullo de su herida de guerra.

 

 

En Septiembre de 1575, sale de Nápoles con destino a España llevando consigo cartas de recomendación.  Viaja con su hermano Rodrigo, quien fue soldado como él, pero a la altura de las costas de Calraquéz fueron capturados por piratas berberiscos que los hicieron prisioneros en Argel. Los padres de Cervantes fueron enterados de su situación y con mucho trabajo logró reunir apenas lo suficiente para pagar el rescate de Rodrigo en 1577, pero Miguel permaneció cautivo durante cinco largos años en los que intentó escapar al menos cuatro veces hasta ser rescatado por el monje trinitario Juan Gil en 1580, cinco años después de ser hecho esclavo.

 

Los pocos documentos oficiales que se conservan de Miguel de Cervantes documentan los cinco años que pasó en Argel, pero también registran su regreso a Madrid en octubre de 1580, tras 15 años de ausencia. Con 33 años, Miguel se incorporó a la vida civil, incursionando en los ambientes literarios, donde intentó sin mucho éxito, colocar sus obras de teatro: “Los tratos de Argel” y “La Numancia”.  En 1584, contrajo matrimonio con Catalina de Salazar, hija de terratenientes rurales de Esquivia, un pueblo de la provincia de Toledo, a donde se muda para administrar su dote matrimonial, en el que se incluía un pequeño viñedo.

Los vinos de Esquivias, estaban considerado entre los mejores de España y Miguel, tuvo una especial predilección por ellos, ya que además de mencionarlos varias veces en sus obras, administró un pequeño viñedo de uva Moscatel del que surgieron vinos básicos y con mucho cuerpo.

El escritor español, especializado en temas gastronómicos Julio Valles, relata la relación de Cervantes con el vino esquiviano en su excepcional libro “La gastronomía en los tiempos de Cervantes”:

“Cervantes conoce bien el vino de Esquivias, porque fue propietario de siete majuelos en la comarca de la Sagra donde vivió algunos años y que le fueron entregados como parte de la dote matrmonial de su esposa Catalina de Salazar y Palacios, con la que se casó el 12 de diciembre de 1584 precisamente en Esquivias. No son de extrañar, por tanto, las numerosas cItas de vinos de esta comarca en sus obras, principalmente en alguna de sus novelas ejemplares, como: “El coloquio de los perros, donde habla del “licor de Esquivias, famoso al par del de Ciudad Real, San Martín y Ribadavia”.

 

El vino de Esquivias llegó a ser muy famoso en aquella época, lo que queda demostrado por un Real Decreto de 1530, según el cual, dicho vino estaba reservado para la Casa Real, la nobleza española y para enfermos con receta médica. Concretamente, Cervantes se refiere a la calidad de los vinos esquivianos en el prólogo de “Los trabajos de Persiles y Segismunda” (1617): Esquivias, por mil causas famoso, una por sus ilustres linajes y otra por sus ilustrísimos vinos”

Cavas subterráneas de vinificación. Museo casa de Cervantes, Esquivias, Toledo, España. Foto: www.viajesylugares.es

La vida de vitivinicultor no fue suficiente para Miguel de Cervantes. Durante toda su vida, el autor se caracterizó por ser un hombre ambicioso y un tanto soberbio a causa de sus desventuras. Aspiró a los más altos puestos en la corte y solicitó sin éxito, ocupar un puesto como funcionario en las tierras conquistadas en América. Sin embargo, sólo llego a ocupar puestos menores, como se documenta en los legajos oficiales que se conservan de la década en que fue recaudador de impuestos por Andalucía.

En 1601, se traslada a Valladolid siguiendo los trabajos de la corte, su mujer  liquida en ese año los viñedos y las propiedades de la pareja en Esquivias y se va a vivir con él. A la par de sus oficios como funcionario de la corte, comienza a trabajar en un libro que se convertirá en la primera novela moderna de la historia. En la navidad de 1604, publica: “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, obra que no recibió mucha atención en su momento, pero que: lo consagraría y se convertiría en la más divulgada de la literatura universal.

Su estilo literario se caracteriza por una prosa maravillosa, un realismo excepcional y una deliciosa ironía que retrata la vida y costumbres de la gente de su época. Muchos de los refranes como: “Del dicho al hecho, hay mucho trecho” o “Al buen entendedor, pocas palabras” quehoy en día todavía se usan en España y en latinoamerica, tienen su origen en “Don Quijote de La Mancha”, la obra cumbre de la literatura cervantina.

Precisamente en El Quijote, el pintoresco personaje de Sancho Panza, presume una destacada habilidad como “mojón”, un antecedente de lo que hoy conocemos como “sumiller” o “nariz de oro”:

“¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural , en esto de conocer vinos, que, en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas?”

 

En la segunda parte del capítulo XIII, de Don Quijote de La Mancha, Sancho Panza reconoce que su habilidad le viene de herencia y la pone a prueba contrastando sus opiniones sobre un vino con el escudero del caballero del bosque:

 

“Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la punta de la lengua, el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro, el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia, y que el tal vino no tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán”.

 

La divertida descripción de Sancho Panza como antiguo catador, pone de manifiesto la sapiencia de Cervantes como conocedor de las distintas calidades de los vinos y sus propiedades enológicas.  Para algunos biógrafos como Alfredo Albár, autor de la biografía “Cervantes: genio y libertad”,  los dos vinos que prefirió, por encima de los que produjo en su viñedo en la región de Esquivias, fueron los de Ciudad Real (blancos y tintos) y los blancos de San Martín de Valdeiglesias, llamado en aquella época el “vino del Santo” y que se vendía como vino caro o precioso en las mejores tabernas de Madrid a finales del XVI.

Tras el éxito de “Don Quijote”, Cervantes y su familia se mudan a la ciudad de Madrid, donde se instala en el barrio de las letras en otoño de 1606. Aquellos años fueron los años más fructiferos en su carrera, publica sus “Novelas ejemplares” (1613), obras de teatro como “Ocho comedias y ocho entremeses” (1615) y la segunda parte de  su Quijote “El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha” (1615) que se publicó cuando su autor tenía 69 años de edad.

Por desgracia, el reconocimiento literario le llegó a una edad avanzada. Apenas pudo disfrutar un par de años del reconocimiento literario que persiguió durante toda su carrera. Miguel de Cervantes murió en su casa de la calle de León, en Madrid el 22 de abril de 1616. Fue enterrado en el templo de las trinitarias en 1616.

Cervantes capturó con su prodigiosa pluma y su irónico sentido del humor la vida de su época. Un hombre con los pies en la tierra, la mente en las nubes y una maravillosa pluma que volcaba sus sueños en el papel, acompañado de los grandes vinos de España.

TPG108073 Portrait of Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1615) by Jauregui y Aguilar, Juan de (c.1566-1641); Private Collection; Spanish, out of copyright