Vino Sudafricano, pionero en los vinos del nuevo mundo

Sudáfrica es uno de los más antiguos productores de los llamados “Vinos del Nuevo Mundo”. Su historia comenzó en 1652, cuando Jan Van Riebeeck fundó la factoría de abastecimiento de alimentos de la Compañía de las Indias en el cabo de Buena Esperanza, y poco tiempo después, trajo de Europa esquejes de vid, convencido de que el vino reduciría los casos de escorbuto entre los marineros. El 2 de febrero de 1659 escribió en su diario: “Hoy, Dios sea loado, ha fluido por primera vez el vino de la uva del Cabo”.

Simon Van der Steel, su sucesor como Gobernador y experimentado viticultor, plantó sus propias vides en la antigua Wildebosch (Constantia) con la ayuda de refugiados hugonotes franceses – estos franceses conocían bien las técnicas y métodos utilizados en los viñedos en su país, contribuyendo al progreso de la vinicultura.

La codicia de los funcionarios de la Compañía de las Indias Orientales determinó el declive de la producción enológica sudafricana. Con la cesión de la colonia a la Gran Bretaña, los altos funcionarios gubernativos consideraban el abastecimiento gratuito del vino local como una parte de su paga. Para mayor desgracia, en 1860, llegó a Sudáfrica la filoxera. por esta epidemia muchos viñedos fueron replantados ocasionando que a principios del siglo XX existiera un gran exceso de vino, creando el efecto “Lago de vino” que llevó a algunos productores a verter su vino no vendible a los ríos y arroyos locales. Los bajos precios causados por esta dinámica de oferta y demanda desequilibradas llevaron al gobierno sudafricano a financiar la formación de la cooperativa Koöperatieve Wijnbouwers Vereniging van Zuid-Afrika Bpkt (KWV) en 1918, la cual pronto creció en poder y prominencia, estableciendo las políticas y precios para toda la industria del vino sudafricano.




El inesperado éxito de un vino blanco semidulce (Lieberstein), propició el renacimiento de los vinos sudafricanos desde 1964. Actualmente, se elaboran grandes vinos blancos y tintos, pero los vinos de postre siguen representando una parte importante de la industria vinícola sudafricana.

Y es que los viñedos sudafricanos presentan un clima similar al del meridiano norte en el Mediterráneo, que junto con la composición del suelo y la brisa marina del Atlántico se conjugan para dar lugar a vinos de calidad. Predominan los aromas frutales, principalmente los cítricos y la grosella, aunque los viticultores prefieren los aromas de expresión vegetal con notas de hierba y espárragos. Además, el carácter mineral es típico en estos vinos.


Para los vinos blancos se usan la Chardonnay y la Sauvignon Blanc. Los mejores vinos tintos se el aboran con las variedades clásicas Cabernet Sauvignon, Merlot y Pinot Nour asi como Pinotage, uva emblemática de los vinos de Sudáfrica.

Esta uva de la cruza de la uva Pinot Noir y la Cinsault (llamada en Sudáfrica como Hermitage). Cepa de uva roja para vino, es de naturaleza muy tánica. Los mostos expuestos a barricas de roble, domestican mejor las características negativas de la cepa, preservando sus cualidades frutales. También por dar vinos de alto contenido alcohólico.

En Sudáfrica la primera ley del vino se remonta a 1973 cuando se delimitaron las regiones vinícolas concentradas en pocas zonas específicas que se reforma en 1990. Poco a poco se ha ido transformando y modernizando.

La zona vinícola Sudáfricana se divide en seis Unidades Geográficas (“Wine of Origen”): Western Cape, Northern Cape, Eastern Cape, Kwazulu-Natal, Limpopo y Free State. A su vez se dividen en Regiones, Distritos y denominaciones Ward (zona vinícola pequeña y bien definida). Ward es sinónimo de denominación. Para crear una denominación debe de tener 10 años de historia y sólo puede ser uva propia.

Los vinos sudafricanos han estado ligados a su historia de forma indisoluble. Las colonias, la guerra entre franceses y británicos, la guerra de los Boers y al Apartheid. Un momento fundamental para el vino sudafricano fue la salida de prisión en 1990 de Nelson Mandela, su llegada al poder en 1994, finalizando el apartheid y abriendo el mercado de exportación mundial, logrando que los vinos sudafricanos comenzaron a experimentar un renacimiento. Actualmente, Sudáfrica es el noveno productor de vino del mundo, los productores siguen con atención las tendencias internacionales y han implementado las técnicas de cultivo y vinificación más avanzadas.

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