El vino de Shin y Yūko Kibayashi

En Japón, no existe una figura con tanta influencia en el mundo del vino como Shizuku Kanzaki. No se trata de un experto sumiller, ni mucho menos de un crítico experto como Robert Parker. De hecho, ni siquiera se trata de una persona real, sino del protagonista del exitoso manga vinícola “Kami no Shizuku” (Las gotas de dios).

Los “padres” de este renombrado influencer son el guionista, novelista y amante del vino Shin Kibayashi y su hermana, la también guionista Yūko Kibayashi, con quien comparte el pseudónimo de “Tadahi Agi”. Los escritores japoneses crearon uno de los cómics más importantes para la industria vitivinícola en Asia, ya que cada uno de los 44 tomos y su posterior adaptación a serie de televisión tuvieron un impacto en las ventas de vinos, principalmente europeos, en países asiáticos entre 2004 y 2014. Durante los 10 años que duró la publicación de “Kami no Shizuku”, el cómic popularizó enormemente la cultura del vino en Japón. Además, tuvo un gran éxito en Francia y sobretodo en Corea del sur, donde llegó a vender más de medio millón de copias.

La idea de crear un cómic relacionado con la industria del vino se les ocurrió a finales de los noventa,  cuando llegó a sus manos una soberbia botella de Echézeaux de Domaine de la Romanée-Conti de 1985.  A partir de su experiencia con aquel vino, los hermanos comenzaron a cultivar la idea de crear una historia alrededor del mundo vinícola.





Al igual que su personaje Shizuku Kanzaki, desde muy corta edad, los hermanos Kibayashi entraron en contacto con el mundo del vino y la alta cocina francesa por influencia de sus padres, quienes frecuentaban restaurantes gourmet europeos. Su interés auténtico por el vino los llevó a estudiar de forma autodidacta la cultura y características de las grandes bodegas europeas. Cada vino que aparece en la saga de “Kami no Shizuku” fue degustado antes por ellos, y forma parte de su vasta colección de 3,000 botellas.

“Normalmente elegimos y compramos vino de Internet y luego pasamos nuestro tiempo libre probando diferentes vinos, aunque a veces también recibimos vinos como regalo, y encontramos que son buenos, pero el 90% del vino que probamos lo hemos comprado. nosotros mismos “. Señaló Shin Kibayashi en entrevista para la revista Business Week en 2011. “Si pensamos que la bebida es buena y encontramos que evoca una imagen en particular, escribimos sobre ella “.

Pese a no contar con credenciales que los avalen como sumillers, o críticos de vinos, los hermanos Kibayashi lograron crear un lenguaje propio para transmitir a los jóvenes asiáticos la emoción que produce degustar un vino excepcional. Ese alejamiento de la jerga profesional, fue la fórmula del éxito para los guionistas japoneses, que optaron por describir el vino desde la perspectiva de un bebedor promedio.

La trama se desarrolla en la ciudad de Tokio y cuenta la historia de Shizuku Kanzaki, un empleado de una compañía de cervezas sin ningún interés en el vino, ya que mantiene una relación distante con su padre, Yutaka Kanzaki, un respetado crítico y experto en vinos que siempre soñó que su hijo heredara su gusto por el vino, pero que padeció el rechazo del joven al intentar educar su paladar desde niño.

Cuando Yutaka muere, su hijo descubre que la vasta herencia de su padre incluye una Mansión y una costosa colección de vinos de incalculable valor. El problema es que el testamento de su padre exige que la herencia se dispute entre él y un joven al que Yutaka había adoptado en secreto como su hijo. Es entonces cuando conocemos a Issei Toomine, un joven crítico de vinos con un paladar extraordinario. El último deseo del fallecido Yutaka, es que la herencia se dispute en una competición de cata de vinos entre Shizuku y Toomine, donde deberán reconocer a ciegas 12 complejísimas etiquetas para dar con los mejores 8 vinos del mundo.

El problema de nuestro héroe es que no sabe nada de vinos, mientras que Toomine es un gran experto. Sin embargo, Shizuku descubre que las estrictas enseñanzas de su padre durante su infancia, en especial el entrenamiento del paladar y el olfato, desarrollaron en él un extraordinario talento oculto. Al paso de los capítulos, el protagonista explora los alcances de su prodigioso sentido del gusto gracias a las enseñanzas de su amiga Miyabi Shinohara, una aprendiz de sumiller que lo introducen en el fabuloso mundo del vino.

Cada capítulo era una excusa para presentar distintos vinos reales en la trama, sobre todo los franceses. Los vinos que se presentaban en cada capítulo se agotaban rápidamente en Japón y Corea, o se cotizaban a la alza tras el privilegio de aparecer en el manga. Por ejemplo, el Château Palmer del 2000, Château Lafleur del 2000 y Marc Colin Montrachet del 2000 aumentaron su demanda a medida que los lectores seguian las aventuras y recomendaciones del experto Shinzuke Kanzaki. Se llegaron a documentar casos en Japón en que los comensales acudían a restaurantes franceses exigiendo la misma botella de vino que Shinzuke recomendaba en el más reciente número del cómic.

Aunque los hermanos Kibayashi dicen no tener patrocinadores y que los vinos que aparecen en la trama no sólo eran etiquetas premium, una característica muy importante para ellos siempre fue la expresión del vino, es decir, la capacidad de comunicar a través del aroma y el sabor las condiciones en las que fue creada cada añada. Esta característica se refleja en la forma coloquial y poco académica en que su personaje describe cada uno de los vinos que prueba. En uno de los tomos del cómic, Shizuku descorcha un Burdeos de Château Mont Perat del 2001, y lo describe de la siguiente forma: “Es poderoso, pero también tiene un sabor dulce y derretido. Es como la voz del vocalista de Queen, dulce y ronca, envuelta en gruesos riffs de guitarra y tambores pesados “.

La trama de “Kami no Shizuku” (Las gotas de dios)” no es solo entretenida, también es un verdadero manual sobre enología ya que incluye anexos con todo tipo de datos sobre los vinos que se presentan en la historia, así como información general sobre cepas, añadas y denominaciones de origen. El cómic fue tan exitoso en Japón, que se realizó una adaptación televisiva de 9 episodios que se transmitió por la cadena NTV entre el 13 de enero y el 10 de marzo de 2009.

Aunque la fama de los hermanos Kibayashi es a menudo opacada por la de su personaje, eso no ha sido impedimento para recibir prestigiosos reconocimientos por parte de la industria vitivinícola. En julio de 2009, la revista Decanter Magazine destacó a los hermanos Kibayashi entre las 50 personas más influyentes del mundo del vino en los últimos 20 años. Además, señaló que su cómic es: “probablemente la publicación más influyente en la industria del vino de los últimos 20 años”.

Además, han sido destacados con premios como el Wine Intelligence Award 2011 y el Asían Personality Award en 2016. También fueron incluidos en la exclusiva hermandad de vinos de La Commanderie du Bontemps de Bourdeaux por su aporte al conocimiento y promoción de los Buenos Vinos Franceses en Asia.

 

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