El vino de Don Melchor de Concha y Toro

Pocos personajes han sido tan importantes para la industria vinícola de su país como Don Melchor de Concha y Toro. Gracias a su visión y habilidad para los negocios, la bodega que fundó con su familia en 1883 en el valle del Maipo, destacó en todo Chile no sólo por su prodigiosa extensión, sino por la calidad de sus vinos producidos con las cepas Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Carmenere.

Aunque la industria vinícola no se desarrolló en Chile hasta mediados del siglo XIX, desde la época de la colonia española el país se caracterizó por tener una de las producciones vitivinícolas más arraigadas en el continente. Las primeras parras llegaron a la Capitanía General de Chile en 1545, a petición del conquistador español Pedro de Valdivia, quien solicitó en una carta dirigida al Rey Carlos V: “vides y vinos para evangelizar el Reino de Chile”. Este hecho histórico marcó el inicio de la futura industria vinícola y es recordado hasta nuestros días cada 4 de septiembre, cuando se celebra el Día Nacional del Vino Chileno.

Aunque las plantaciones de viñedos plantados con la cepa española tinta país se fueron extendiendo por todo el país, los métodos de cultivo y vinificación se mantuvieron inalterados hasta 1850, cuando los descendientes de doce familias inmigrantes de países como Francia, España y Portugal comenzaron a cultivar de manera industrializada vides traídas desde Francia como el Cabernet Sauvignon, que se adaptó de forma excepcional al tipo de suelo y clima privilegiado de Chile, que por su condición insular lo mantiene libre de plagas como la Filoxera.

En su libro “La historia del vino chileno: desde la época colonial hasta hoy” el escritor andino José Del Pozo documenta cómo los grandes empresarios chilenos que hicieron fortuna en la industria minera, fueron los primeros en vislumbrar el potencial vitivinícola del país:

“Las nuevas viñas, cuyo elemento en común fue la utilización de la cepa francesa, estuvieron a cargo de empresarios originarios de familias establecidas en su mayoría durante el siglo XVII en Chile; al menos la mitad de ellos provenía del norte de España, siendo por lo tanto parte de la “segunda ola de conquistadores”, como ciertos historiadores han designado a la llegada de grupos importantes del País Vasco, Galicia y Navarra a la América española de esa época”.

Los frecuentes viajes a Europa de los empresarios chilenos, les permitió ponerse en contacto directo con los productores franceses en el momento en que comenzaba a gestarse un importante cambio en los hábitos de producción y consumo: el vino de marca embotellado. Pese a que productores familiarizados con el mundo del vino como Silvestre Ochagavía Echazarreta, fueron los primeros en introducir cepas francesas al país, la gran mayoría de los empresarios que renovaron la viticultura chilena fueron gente cuya característica en común era haber hecho fortuna en actividades externas a la agricultura.

Entre las doces familias fundadoras de la industria del vino en los valles chilenos de Maipo, Rapel y Aconcagua, los Concha y Toro despuntaron por méritos propios en el negocio de la vinificación gracias a la visión, liderazgo y habilidad en los negocios de Don Melchor de Concha y Toro. El joven emprendedor fue hijo de Melchor de Santiago Concha y Cerda y Damiana de Toro Guzmán, un matrimonio de origen español que logró prosperar en el negocio de la industria minera, lo que le permitió a Melchor realizar sus estudios profesionales en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, titulándose de abogado el 17 de enero de 1857. Aunque se dedicó al ejercicio libre de la abogacía, a la política y al comercio, Don Melchor fue más aficionado a los negocios que a las leyes.

Don Melchor mostró un gran interés en incursionar en la producción vitivinícola siguiendo los pasos de otras familias que también habían hecho fortuna en la industria minera, como los Errázuriz y Pereira, fundadores de Viña Santa Carolina, los Undurraga creadores de la Viña Talagante y los Ochagavía, fundadores en 1851 de la viña Ochagavía, la bodega más antigua de Chile .

La afortunada unión de dos familias con intereses en común le dio a Melchor las herramientas para materializar su sueño de fundar en 1883 la Viña Concha y Toro. El escritor José Del Pozo recupera aquel momento de la siguiente forma:

“El paso decisivo para la formación de una viña que se transformaría en la más importante de Chile, se produjo cuando los Subercaseaux se unieron a la familia Concha y Toro a partir del matrimonio entre Emiliana Subercaseaux Vicuña, hija de Ramón Subercaseaux y Melchor Concha y Toro”

La suma de capitales de las familias Concha y Toro y Subercaseaux, permitió que la viña Concha y Toro iniciara operaciones en 1883. Convencido del potencial de Chile para la producción de vinos de excelente calidad, Don Melchor trajo de Francia las mejores cepas de Burdeos (Cabernet Sauvignon, Pinot, Merlot, Semilla  Carmenare) junto con las cepas, también llegaron de Europa técnicos, enólogos y también algunos industriales que implementaron el uso de maquinaria agrícola especializada en viti y vinicultura como prensas y barricas de roble que desplazaron al tradicional “pisado” y al añejamiento en vasijas de arcilla.

La valiosa asesoría de expertos enólogos como el francés Monsieur Labouchère y el avance de las vías del ferrocarril chileno impulsaron la comercialización de los vinos de la Viña Concha y Toro que aumentaron su producción y comenzaron a exportarse al extranjero en un momento en el que los vitivinicultores de toda Europa padecían los embates de la terrible plaga de la Filoxera, que afortunadamente, jamás llegó a tierras chilenas.

A la par de la administración de su bodega, Don Melchor de Concha y Toro desarrolló una apasionante vida política en la que fue elegido en varias ocasiones diputado, senador y funcionario en cargos públicos de alta jerarquía. También fue gerente del Banco Garantizador y Secretario de Hacienda, puestos que desempeñó con gran éxito gracias a su habilidad como financista. Una muestra de su astucia en el mundo de los negocios, fue la creación de uno de los mitos más interesantes en la historia del vino en América: la leyenda del Casillero del Diablo.

Cuenta la leyenda que cuando  los vinos de la viña Concha y Toro comenzaron a destacar gracias a la calidad de su Cabernet Sauvignon, los robos en las cavas subterráneas del viñedo se incrementaron de manera alarmante. Para tratar de disminuir los hurtos y disuadir a los intrusos, Don Melchor de Concha y Toro decidió propagar el rumor de que el diablo vigilaba sus vinos dentro de sus cavas subterráneas. Al paso de los años, el rumor se tornó en leyenda urbana y no faltó quien aseguraba haber visto al diablo deambular entre las barricas. Pese a que nunca nadie pudo comprobar la presencia del diablo en la bodega, los robos fueron disminuyendo al paso de los años.

La leyenda del Casillero del Diablo resultó una gran promoción para los vinos de Concha y Toro. Hoy en día, la etiqueta Casillero del Diablo es la marca más comercializada de vino chileno en el mundo entero y las instalaciones de la bodega en Pirque, el sitio donde se originó la leyenda, se han convertido en un destino turístico obligado para los amantes del vino de todo el mundo.

En 1875, el matrimonio Concha y Toro-Subercaseaux encomendó la construcción de una casona al arquitecto de origen alemán Teodoro Burchard, quien proyectó una hermosa residencia con características del neoclásico italiano en la región metropolitana de Pirque.  Debido a su belleza, la residencia de los Concha y Toro fue declarada  Monumento Histórico en 1971 y en la actualidad,  forma parte del circuito turístico y patrimonial del Valle del Maipo, que alberga los viñedos y bodegas de la Viña Concha y Toro.

Aunque su aporte a la industria vitivinícola es innegable, en Chile se recuerda con mucho cariño a Don Melchor por haber abrazado causas populares, como su renuncia a sus cargos gubernamentales como medida de apoyo a la guerra civil de 1891 en contra del presidente José Manuel Balmaceda, quien pretendía instaurar una dictadura. Don Melchor de Concha y Toro murió en la ciudad de Santiago el 21 de julio de 1892, pero su obra y sus vinos dejaron una huella indeleble en la presencia de Chile alrededor del mundo.

Hoy en día, Viña Concha y Toro es el principal productor de vino chileno en el mundo, exportando el 33% de su producción a más de 140 países. Además, es la 5ta empresa vitivinícola más grande del mundo en volumen comercializado y segunda en superficie con 11,319 hectáreas cultivadas en Chile, Argentina y Estados Unidos. Su marca emblemática “Casillero del Diablo”  es una de las más vendidas y recordadas en el continente americano y su etiqueta premium: “Don Melchor” ha sido elegida por medios como Wine 100, el mejor vino chileno del mundo.