Vinos del Líbano, deleite milenario

Siempre es una gran experiencia degustar la comida libanesa, sus característicos sabores tan acentuados necesitan un acompañante que los suavice y al mismo tiempo, genere en paladar una sensación única. ¿Qué mejor acompañante que un  vino? ¡Pero un vino libanés!

El Líbano es uno de los primeros países donde inició el cultivo de la vid. Excavaciones en la ciudad de Biblos muestran que ya existían viñas desde hace 5,000 años. Los fenicios, pueblo dedicado al comercio fueron seguramente los primeros en introducir vides para la elaboración del vino. Los fértiles suelos del Líbano eran famosos por sus vinos en la antigüedad, eran muy apreciados en Grecia, Anatolia y sobre todo en Israel, pueblos que mantenían estrechas relaciones comerciales con los fenicios. Éstos embarcaban vinos libaneses ricos y dulces en ánforas a todos los rincones del Mediterráneo.

Durante el período Greco-Romano, la bebida fue objeto de culto. Baco-Dionisio entró en el Panteón y el más hermoso templo de Baalbeck estaba dedicado a él. Después de la caída de Roma, el cristianismo heredó la tradición. Fue en el Líbano que Cristo convirtió el agua en vino, en su primer milagro, durante las bodas de Caná. Luego el Imperio Bizantino extendió el cultivo de viñedos desde la fértil Bekaa a todo Medio Oriente para hacer vino sacramental.

En la Edad Media los vinos del Líbano eran excepcionalmente apreciados y no sólo en el interior del país, en toda Europa se bebían los vinos de Tiro o de Sidón, que exportaban los mercaderes venecianos establecidos durante mucho tiempo en la zona del actual Líbano.

Hasta comienzos de 1980 la demanda de vinos era grande, pero con la guerra civil del Líbano el consumo se redujo y la mayoría de las propiedades vinícolas no pudieron recolectar sus cosechas durante varios años.

En la actualidad la superficie de plantación de viñedos asciende a 27,000 hectáreas. De la producción anual se destinan unos 300,000 hectolitros a la elaboración de vinos, mientras que el resto se comercializa en el mercado como uva de mesa. En la elección de variedades de uva se han tomado como referencia las francesas, ya que Líbano estuvo bajo el dominio francés entre los años 1920 y 1964.

Las variedades de uva predominantes son sobre todo las tintas Cinsault, Carignan, Mourvédre, Garnacha y Alicante. Además de la Cabernet Sauvignon, la Gamay, la Petit Verdot, la Merlot y la Syrah. Dentro de los variedades blancas encontramos Sauvignon Blanc, Ugni Blanc, Semillón y Chardonnay. Y uvas locales como la Merweh o la Meroué.

Hoy en día se elaboran vinos en varios puntos del Líbano, pero las regiones vitivinícolas más productivas y reconocidas, tanto fuera como dentro del país, son: el Valle de la Becá  y la región de Monte Líbano.

  • El valle privilegiado de Becá.

En este valle se cultivan viñedos a una altura de hasta 1,000 metros sobre el nivel del mar, donde las condiciones climáticas son absolutamente favorables: el sol brilla 300 días al año y la proximidad del Mediterráneo funciona como regulador de temperatura. Las noches en estas altitudes son especialmente frescas y se registran precipitaciones abundantes, que ayudan a regular la maduración total de las uvas, antes de la cosecha.

En el Valle de la Bekaa comenzó la industria moderna de la producción de vinos en el Líbano cuando, en 1857, un grupo de monjes jesuitas franceses fundaron la bodega Ksara utilizando las técnicas francesas de elaboración del vino.

Ahí  se encuentran algunas de las bodegas más prestigiosas y galardonadas del Líbano como: Ksara, Château Kefraya y Massaya.

Château Ksara, la bodega más antigua del país, sigue creando grandes vinos que descansan en su cava natural ubicada en el interior de una gruta descubierta por los romanos.

Château Kefraya, situada a 20 kilómetros de la ciudad de Chtaura y con más de 300 hectáreas plantadas, es la bodega más moderna del país y sus vinos son muy apreciados para la exportación. Uno de los más glorificados es el Comte de M., un coupage de uvas cabernet sauvignon y syrah, al que Robert Parker concedió 93 puntos en la cosecha del 2012.

  • Monte Líbano, la tierra de las montañas.

En la fértil región montañosa de Monte Líbano, con una ubicación junto a la costa mediterránea y con lluvias que se acercan a los 1.500 mililitros al año al norte y unos 1.000 al sur, despuntan dos importantes châteaus, que elaboran grandes vinos que pueden encontrarse en las principales tiendas enológicas de ciudades como París, Londres, Madrid o Nueva York: Fakra e IXSIR.

Château Fakra se encuentra en Kfardebian, una de las principales zonas agrícolas del Líbano, pues posee laderas verdes, bosques de robles y pinos, huertas de árboles frutales, viñedos y arroyos con agua límpida, además, en una de las zonas más pintorescas del país. Es ahí donde se encuentran los milenarios “Templos de Fakra” donde durante miles de años, desde los tiempos fenicios, hasta los griegos, romanos y bizantinos, se veneraba a los dioses del amor y del vino.

Por su parte los viñedos de IXSIR culminan a una altura de 1,800 metros, lo que los convierte en los más altos del hemisferio norte. Se ubica en las montañas del Líbano, en suelos calcáreos y arcillosos que se benefician de un microclima único. Los vinos de IXSIR reflejan la pureza y la frescura de las montañas libanesas a través de la riqueza, la elegancia y la complejidad. Su nombre deriva de Iksir, la palabra original en árabe para “elixir”, una palabra común a muchos idiomas que define la forma más pura de todas las sustancias.

Esto es una parte de los buenos vinos de Líbano, un país situado al otro lado del Mediterráneo que muestra una interesante y variada vitivinicultura con una historia de miles de años a sus espaldas.