El vino de Ermelinda Freitas

La historia de la bodega portuguesa Casa Ermelinda Freitas es una de las más atípicas y fascinantes en el mundo del vino. Durante cuatro generaciones, ha sido dirigida por mujeres que han logrado sobreponerse a las más adversas circunstancias dentro de un mundo tradicionalmente dominado por los hombres. La trayectoria de esta empresa, que hoy en día es una de las más grandes de su país, es un claro ejemplo del liderazgo femenino y de cómo la tragedia siempre trae consigo una oportunidad para crecer y reinventarse.

La primera mujer de la dinastía Freitas en apostar por la vid y el vino fue doña Deonilde Freitas. En 1920, ella y su marido plantaron las primeras vides de las variedades Castelão y Fernão Pires en sus parcelas ubicadas en Fernando Pó, dentro de la región de Palmela en el distrito de Setubal, al sur de la ciudad de Lisboa. La vocación vinícola de la región portuguesa hizo que Deonilde continuara con el duro trabajo en los viñedos tras la prematura muerte de su esposo.

Más tarde, la bodega pasó a manos de su hijo Manuel João de Freitas, quien contrajo matrimonio en 1922 con Germana de Santos, la mujer con la que procreó seis hijos. Por una extraña coincidencia del destino, la familia nuevamente sufrió la muerte de la cabeza de familia a muy temprana edad. Con tan solo 38 años de edad, sin experiencia previa y sin saber leer ni escribir, Germana de Freitas trabajó de forma incansable para salvaguardar la pequeña bodega familiar cuyo principal negocio era la venta de uvas para vinificación.

El hijo mayor de doña Germana, Manuel João de Freitas jr. tomó la estafeta de su madre y se hizo cargo de la empresa. Su experiencia y determinación lo llevaron a reunir el capital suficiente para sumar más terrenos cultivables al patrimonio familiar. Al contrario de lo que pasaba con sus competidores en la región, la familia apostó por no embotellar sus vinos y ofertarlos a granel a los distribuidores locales. En 1950, Manuel contrajo matrimonio con Ermelinda Do Rosario Pires, una mujer que al igual que él, sentía una profunda vocación agrícola y un gran vínculo con las viñas y viñedos de Setubal. Ermelinda asistió de inmediato a su esposo en las actividades empresariales, aprendiendo el oficio de la bodega y tomó responsabilidades dentro de la misma. Aunque su negocio era la venta por volumen, Doña Ermelinda Freitas siempre tuvo un especial cuidado por la calidad del vino.

El matrimonio Freitas engendró una hija llamada Leonor, una niña que creció rodeada de sus primos y familiares en un ambiente relacionado con la vitivinicultura. Pero Manuel quería algo mejor para su hija que la dura vida de campo en la que no se permiten días de descanso ni vacaciones, por lo que la envió desde muy temprana edad a la vecina ciudad de Setúbal para estudiar en escuelas particulares.


Al paso de los años, la familia Freitas logró incrementar sus tierras cultivables hasta llegar a 60 hectáreas. Además, solían comprar uva a otros productores para producir grandes cantidades de vino de sus variedades insignia: Castelão para los tintos y Fernão Pires para los blancos.

Con la prematura muerte de Manuel Joao Freitas jr  a los 59 años, doña Ermelinda Freitas se unió a la lista de mujeres que se hicieron cargo de la bodega al enviudar. Tal y como lo hicieron su madre y su abuela, Ermelinda aceptó el enorme reto de tomas las riendas de una compañía que había crecido exponencialmente en las últimas décadas.

Al poco tiempo, las enormes responsabilidades de la bodega sobrepasaron las capacidades de doña Ermelinda Freitas. Aunque siempre acompañó a su marido en el duro trabajo de campo, nunca había firmado un cheque y desconocía todo sobre estados financieros y temas de administración, por lo consideró seriamente la posibilidad de vender la compañía. Ante esta disyuntiva, su hija Leonor tuvo que elegir entre seguir con su carrera profesional como licenciada en Trabajo Social o regresar a la bodega para ayudar a su madre. Los vínculos con la tierra y las viñas de la familia fueron más fuertes y Leonor Freitas regresó con su marido y sus hijos a Fernando Pó para unirse a la lista de mujeres fuertes que por cuatro generaciones han dirigido la empresa.

Aunque doña Ermelinda Freitas pasó toda su vida trabajando en el campo al lado de su esposo, no conocía nada del negocio del vino embotellado. Fue así que Leonor comenzó a asistir de forma regular a las ferias del vino de Burdeos en Francia para mejorar sus productos y aprender a comercializarlos. Esos viajes supusieron un cambio de actitud que la llevaron a invertir en maquinaria, en la modernización de su bodega y a traer técnicos especializados que apoyaran las labores de la empresa. También apostó por el cultivo de nuevas variedades de uva locales como trincadeira, moscatel y touriga nacional y las extranjeras cabernet sauvignon, syrah, petit verdot, merlot y pinot noir.

El entusiasmo de Leonor no estuvo libre de desconfianzas por parte de los hombres de su propio entorno. Los vitivinicultores rurales que toda la vida habían hecho vino de la misma manera para la familia no confiaban en la joven mujer que había regresado de Francia con ideas descabelladas. Fue así que Leonor tuvo que tomar duras decisiones, como despedir al enólogo familiar  de toda la vida y que no creía en la inovación para traer al joven y entusiasta enólogo Jaime Quendeira. Contra todas las adversidades, en 1997 doña Ermelinda Freitas embotelló su primera etiqueta: Terras de Pó, a ésta le seguirían un gran portafolio de vinos como Doña Ermelinda Reserva, Quinta da Mimosa, Dom Campos, Vinha do Rosário, MJ Freitas y Dom Freitas entre muchas otras.

Con las 60 hectáreas que poseían, doña Ermelinda Freitas y su hija elaboraban un millón de litros de vino a granel por año, pero todo cambió en 2002, cuando su principal cliente dejó de comprarles, una situación que obligó a las Freitas a crecer y dar un giro radical a la empresa. Gracias a la iniciativa de Leonor, la bodega encontró la forma de colocar su producción a través de un producto llamado ‘bag-in-box’ que ofrece al consumidor una caja con cinco litros de vino de mesa empacado al vacío y dispensado a través de una pequeña válvula. El producto fue todo un éxito y es a la fecha una de sus presentaciones más populares para el consumo diario.

En 2005, el tamaño del negocio de la empresa motivó la constitución oficial de la: Casa Ermelinda Freitas. Tras 85 años, el negocio familiar finalmente tenía una identidad que homenajeaba a las cuatro generaciones de mujeres de la dinastía. Bajo la dirección de Leonor Freitas y su enólogo Jaime Quenderas la bodega se convirtió en una de las más grandes de Portugal con más de 550 hectáreas en las regiones vinícolas de Setubal, Douro y Minho y con un volumen de producción de más de 14 millones de litros de vino al año que se venden a precios muy competitivos a paises como Luxemburgo, Inglaterra, Estados Unidos, Angola, Mozambique, Finlandia, Noruega, Shanghái, China, Francia, Suiza, Nigeria y México.

Pero Casa Ermelinda Freitas no solo destaca por su considerable volumen de  producción. La calidad de la bodega ha conquistado más de 1,000 premios en los mejores y más importantes concursos internacionales de vino, como el Vinailes, ProdExpo, Challenge International du Vin, Wines of Portugal y Portugal Wine Trophy.  El 10 de junio de 2009 Leonor Freitas fue reconocida por el Presidente de Portugal con la Orden de Mérito Agrario que aceptó a nombre de todos los viticultores y campesinos de la región de Fernando Pó.

El 18 de septiembre de 2012, doña Ermelinda Freitas falleció a los 81 años de edad. Durante su dirección en mancuerna con su hija, la vinícola pasó de ser una empresa desconocida de Setubal a convertirse en una de las bodegas más importantes de Portugal y una de las pocas dirigidas por mujeres.

Aunque Leonor Freitas tiene ambiciosas metas para dar a conocer al mundo las excelentes cualidades de los vinos de Portugal y sus más de 250 variedades de uva, a sus 67 años ya prepara a la quinta generación de mujeres que se hará cargo de la empresa tras su retiro. Su hija Joana Freitas, es licenciada en administración de empresas y se encarga de los negocios internacionales en los países donde la bodega tiene presencia mientras su hijo João, licenciado en informática dirije la presencia digital de la bodega. Así, todo apunta para que una quinta generación de mujeres dirija la exitosa Casa Ermelinda Freitas.